Si te equivocas al escribir, la culpa es de un demonio medieval

  • Titivillus es siervo de Belfegor y Lucifer.
  • Le encanta poner erratas en los textos.

Tabla en la que se aprecia al demonio Titivillus en la esquina superior derecha.

Quién no ha revisado un cuento, una novela o un ensayo y se ha encontrado con una serie de erratas que le parecen del todo imposibles. Letras que aparecen de la nada, comas que se transforman en paréntesis, palabras que nadie había escrito y que no tienen sentido en mitad de una frase… Está claro que no es normal. Esto lleva pasando desde la Edad Media, donde tenían claro quién era el culpable verdadero de todos estos errores: el demonio Titivillus.

La primera referencia que podemos encontrar de este curioso diablillo se remonta a 1285, cuando aparece en una nota del Tractatus de Penitentia, de Johanes Galensis. De hecho, se hizo muy popular entre los escribas de la época, llegando a ser considerado como su “demonio patrón”, ya que ante cualquier error incomprensible siempre aparecía como culpable.

En España podemos encontrar también el rastro del diablillo, ya que hay una representación pintada en una tablilla de 1485 en el monasterio de las Huelgas de Burgos. Allí tiene la apariencia de un diablo que carga con un hatillo lleno de libros. El demonio dio el salto a la comedia y aparece en numerosas obras satíricas.

El caso más curioso atribuido a Titivillus es la publicación de la llamada Biblia Malvada. Corría el año 1631 y durante la impresión de una versión de la Biblia del Rey Jacobo, algo pasó con las palabras sagradas de los mandamientos. Vamos, que se les olvidó poner la palabra “no” junto a “cometerás adulterio” en el séptimo mandamiento. Os podéis imaginar el revuelo que se montó en la época. Titivillus se llevó las culpas, pero los impresores no se libraron de una buena multa.

Este demonio, que al parecer se alimenta de palabras y letras e incita a escribir palabras soeces e innecesarias, ha acompañado al gremio de editores e impresores desde entonces, aunque hoy en día es difícil venderle a un cliente que ese fallo de la impresión es debido a la acción de un maldito diablillo hambriento que se ha colado dentro de la impresora offset.

Alfredo Álamo


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(Valencia, 1975) escribe bordeando territorios fronterizos, entre sombras y engranajes, siempre en terreno de sueños que a veces se convierten en pesadillas. Actualmente es el Coordinador de la red social Lecturalia al mismo tiempo que sigue su carrera literaria.

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