Mauricio Wiesenthal: «El populismo exculpa al pueblo de toda responsabilidad»

El escritor Mauricio Wiesenthal posa en Barcelona
El escritor Mauricio Wiesenthal posa en Barcelona – EFE

En «La hispanibundia» , el escritor y profesor de la Historia de la Cultura compone un provocador «retrato español de familia»

BARCELONAActualizado:

Los españoles somos capaces de lo mejor y de lo peor. Y «La hispanibundia», término acuñado por Mauricio Wiesenthal (Barcelona, 1943), designa esa paradoja. «Hispanibundo» es el Quijote que arremete contra los molinos y Sancho en su Ínsula Barataria; la vieja Celestina y los descubridores del Nuevo Mundo; pero también la armada Invencible que se estrella contra las rocas de Inglaterra e Irlanda y los nacionalistas, los más «hispanibundos» de todos: «Todos los pueblos de España –por muy atinados y sensatos que pretendan ser– se vuelven “hispanibundos” en cuanto se les toca el delirio quijotesco de sus bandos, la tarasca de sus localismos o el asunto descomunal de sus caballería», advierte el autor.

«La hispanibundia» nació hace medio siglo en unos cursos de verano en la Universidad de Sevilla y de varios libros de juventud sobre ciudades y lugares de España. El concepto fue tomando forma con «Imagen de España» (1973), «España hoy» (1979) y «Regione e Mete in Europa» (Milán, 1990) hasta culminar en el presente volumen. A lo largo de casi cuarenta capítulos, Wiesenthal pasa revista a las ganas de ser español, el honor, la corrupción, la austeridad, el buen gusto, lo quijotesco, el realismo, el populismo, la envidia, la justicia pasional que deviene injusticia, los bandoleros, pícaros, héroes, el antimoderno Velázquez, el sentido de la muerte, la Inquisición, el fracaso de la aristocracia, el griterío nacionalista, la enseñanza fallida, la furia…

Complejos y folclore

Acabado el trabajo, el autor se siente más comprometido que nunca con este «retrato español de familia». A la «hispanibundia» podría añadirse una segunda parte dedicada a la «europabundia», añade: «España tiene mucho qué decir en Europa y yo, por encima de todo, me siento europeo». Superar la España acomplejada por las estampas románticas y folclóricas que se le adjudicaron en el siglo XIX: «Nos convertimos en actores de teatro comprometidos con el papel que nos asignaban los escritores turistas», subraya.

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