Los mejores libros de Adam Zagajewski, premio Princesa de Asturias de las Letras

«Solidaridad y soledad»– Acantilado

Publicado por la editorial Acantilado en 2010, pero fechada su publicación original en 1982, nadie mejor que el propio Zagajewski para describirlo: «Me temo que formo parte de una familia de literatos, la menos atractiva, que se limita a buscar, y que Solidaridad y soledad, un libro escrito en los primeros años de mi época parisina (1982), es el testimonio más elocuente de ello. En esta obra, mi búsqueda adoptó la forma de una apología de algo que definí a la antigua usanza como vida espiritual, individualidad, soledad y poesía».

«Tierra del fuego»– Acantilado

Obra de poesía que fue pubiclada en 1994, aunque no fue hasta 2004 cuando Acantilado lo editó en España. Esta obra permite comprender la idiosincrasia de Zagajewski como poeta, al reflejar con fidelidad los patrones que articulan un estilo tan marcado como el que abandera el polaco.

«Dos ciudades»– Acantilado

Ensayo del año 1995 publicado en España por la editorial Acantilado, que lo editó once años después, en 2006. Trata la experiencia vivida por Zagajewski en 1945, cuando él y su familia fueron obligados a exiliarse a Alemania, pues la URSS acababa de ocupar su ciudad natal, Lvov.

«En la belleza ajena»– Pre-texto

Este es uno de los pocos títulos de Zagajewski que Acantilado no publicó en España. Lo hizo la editorial Pre-textos en 2003, después de que hubiese sido publicado en 1998. Es un libro escrito a modo de diario, escrito en una prosa que se afana en defender la poesía y la meditación sobrel a historia.

«Mano invisible»– Acantilado

Libro de poesía cuya publicación se produjo en 2009, y que Acantilado trajo a España en 2012. Plantea la confluyencia entre la vida cotidiana y el arte. Zagajewski toca temas como sus amores, sus viajes e incluso su infancia.

«Releer a Rilke»– Anagrama

Su última obra, publicada este mismo año, es un breve libro (80 páginas) que se explica mejor en boca de Zagajewski: «Leemos a Rilke por su poesía y su prosa, por su novela Los cuadernos de Malte Laurids Brigge y por los centenares, si no miles, de cartas que dejó, aunque también parece haber otro motivo importante: a nuestro entender, la suya es en sí misma el mejor ejemplo de vida de un artista moderno y quizá el modelo más puro y perfecto en su infatigable búsqueda de la belleza […] A diferencia de Goethe, más que un ineludible representante de su tiempo, Rilke era un elegante signo de interrogación en el margen de la historia».

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