Libros bajo llamas indignadas – Clarín.com

Denis Merklen, hombre de mirada atenta sobre las contradicciones y los fenómenos que atraviesan sociedades como la francesa. Ha investigado tendencias sociales tanto en la Argentina como en el escenario parisino donde hoy vive y de allí surgen observaciones precisas y llamativas: en Francia queman bibliotecas. Estuvo en Buenos Aires presentando el libro que refleja la intensidad de un país complejo que encuentra en esta idea la metáfora preocupante de su devenir. El título es Bibliotecas en llamas (Ediciones UNGS), prologado por Horacio González, justamente, ex director de la Biblioteca Nacional de nuestro país.

Merklen es profesor e investigador en la Universidad Sorbonne Nouvelle de París. En la UBA enseñó en la cátedra de Sociología Sistemática de Juan Carlos Portantiero entre 1987 y 1995. En Francia realizó su tesis doctoral bajo la dirección de Robert Castel. Hizo numerosas investigaciones sobre clases populares en Argentina, China, Francia, etc. Es autor de Pobres ciudadanos. Las clases populares en la era democrática, entre otros.

–¿Cómo engarza en la historia francesa la quema de bibliotecas en esta época?

–Yo registré 75 incendios de bibliotecas en las grandes ciudades de Francia desde principios de los 80. Son esos mismos barrios en donde suelen haber revueltas, incendios de autos, enfrentamientos con la policía. Son barrios muy conflictivos. Hubo en 2015, 2016, algunos incendios de bibliotecas que, a poco de investigar los casos, encontramos eran un blanco de la bronca popular. Y eso fue lo más llamativo y lo más difícil de explicar. Arranqué en 2006 un trabajo de investigación muy largo, con seis años de trabajo de campo, porque era un tema que merecía una exploración profunda dada la ignorancia sobre el tema, relacionada con un silencio, que incluye a la prensa. Lo curioso es que las bibliotecas son inmediatamente puestas en pie después de cada incendio. La investigación que nosotros hicimos, fue por un lado intentar entender por qué se quemaban bibliotecas, y por otro lado intentar entender por qué en un país como Francia, el incendio de una biblioteca no estaba acompañado de una gran emoción popular, y estaba acompañado en cambio por ausencia de debate público.

–¿Cuál es el perfil de las bibliotecas atacadas?

–Son bibliotecas municipales responsables de la lectura pública. Constituyen uno de los equipamientos culturales más presentes en todo el territorio de Francia. En los barrios populares tienen una historia muy particular. En un primer momento fueron creadas por el Partido Comunista, se erigían en barriadas obreras. Y eran entonces un proyecto de militancia de aquellos viejos proyectos que se inician en los años veinte de emancipación por medio de la cultura. Llevar el libro a aquellos que estaban relativamente alejados de la posibilidad de acceder a la prensa escrita, al libro. Y el acceso de la izquierda, hacia los años 30, a los gobiernos locales, las conquistas de espacios municipales, por parte del Partido Comunista y otros partidos de izquierda. A partir de allí pasaron a ser parte del servicio público. Hoy las bibliotecas populares existen como bibliotecas asociativas en pueblos pequeños donde la acción municipal ni siquiera permite tener una biblioteca. Pero en general, en la inmensa mayoría corresponde a una política pública, con mucho apoyo del ministerio de cultura y de la biblioteca nacional, pero orquestada y dirigida por los municipios, y luego, ya hace muchísimas décadas, este impulso inicial se difundió a todos los partidos políticos en todos los municipios de Francia, de izquierda, de derecha, de centro, católico, no católico, liberales, siempre hay una inversión pública muy importante en bibliotecas. Y este hecho es relevante para entender por qué se incendian.

–¿Cómo actúa el Estado en estos barrios?

–La presencia del Estado es ambigua, porque por una parte aparece como el gran agente que nos permite solucionar muchos problemas, o acceder a muchos bienes y servicios de manera muy adecuada, pero por otro lado, cuando funciona mal, es la fuente de todos nuestros problemas. Los políticos son señalados como la principal fuente de problemas. En Saint Denis, al norte de París, con gobierno comunista desde 1936 –con la sola interrupción de la invasión alemana– hay una relación muy conflictiva y problemática, porque allí hay mucho desempleo, pobreza, problemas de migración, de población joven que se siente con un porvenir bloqueado, una relación muy difícil con la escuela y con la palabra escrita. Incluso en aquellos municipios, por ejemplo uno de los municipios en donde yo investigué muy profundamente es en una comuna que se llama Saint Denis, queda en el norte de París y es uno de los corazones de lo que llamamos la Banlieu, ese municipio, la municipalidad es comunista desde 1936. Con la sola interrupción de la invasión alemana. Pero esto no es necesariamente una relación de amor y de simpatía entre los hijos de aquellos obreros y el gobierno a quien votan. Es una relación muy conflictiva y muy problemática por esto que decía. Porque allí hay mucho desempleo, pobreza, hay problemas de migración, de población joven que se siente con un porvenir bloqueado, una relación muy difícil con la escuela y con la palabra escrita.

–Hay vínculos con el otro fenómeno pirómano que es la quema de autos?

–Los sociólogos solemos trabajar en términos de repertorios. Es decir, estos conflictos que comienzan en los años ochenta como revueltas están acompañados de la innovación de modos de acción que antes no existían. Uno de ellos es la quema de vehículos y de edificios públicos. El primero es muchísimo más frecuente, pero ocurre en el mismo espacio social en que se incendian bibliotecas: estas llamaradas forman parte de los modos de acción. Y ocurren en el propio barrio, no van al centro de la ciudad a manifestar. No hay nadie para explicar frente a un micrófono de un periodista por qué se queman autos, o bibliotecas, o por qué se apedrea a la policía. La palabra que acompaña a estos hechos hay que ir a buscarla en la sociabilidad de esos barrios. Estos incendios de bibliotecas tienen esto de ser no verbales y de no tener portavoces. Muchas veces se queman autos simplemente porque lo que se está buscando es que venga la policía y la prensa, y hay una especie de mecánica en el hecho que es así. Se incendia un auto, vienen los bomberos. Se le tiran piedras a los bomberos, y viene la policía a proteger a los bomberos. Y ahí se produce el enfrentamiento. El objetivo es enfrentarse con la policía. Y de ser posible, con presencia de la prensa, que viene a filmar, o a dar cuenta del conflicto. Hay otro más “ritual”. Se prende fuego un montón de autos en un barrio y luego vienen los bomberos, los apagan y no pasa nada, no hay conflicto. En este caso pareciera que hay allí un sector social que está queriendo atraer la atención pública sobre espacios sociales que son percibidos como olvidados del poder público. “Estamos relegados, nadie presta atención”. Es una manera de buscar integrarse al espacio público. “Nosotros también formamos parte de esta sociedad, nosotros también merecemos atención. Y vengan a ver cómo vivimos”.

–Entonces, ¿cuál es la motivación?

–Los incendios no están acompañados de un objetivo ideológico, religioso o político, en el sentido de la biblioteca que busca censurar una forma de pensamiento con la que uno no está de acuerdo. Como con la Inquisición o el nazismo. Lo que el incendio hace no es censurar un tipo de pensamiento con el que no estamos de acuerdo. De esos incendios ha habido en la historia de Francia, incendios de bibliotecas de judíos, de marxistas, de protestantes más atrás en el tiempo. Aquí es otra cosa. Entonces no es una protesta verbal. Tampoco ocurre dentro de una relación de fuerzas. No buscan un resultado o una respuesta por parte del poder público. Es un tipo de movimiento social que no es como el piquete, que conocemos tan bien en Argentina, ni como la huelga o la manifestación. No buscan un resultado o una respuesta por parte del poder público. Ni obtener algo con la acción. Es una acción puramente expresiva que necesita o busca despertar la toma de palabra en el espacio público, que se hable de algo. Los ataques nunca son contra personas, nunca hubo heridos. Siempre los edificios están vacíos, entonces son jóvenes que parecen hacer cualquier cosa, pero no hacen cualquier cosa. Cuidan muy bien lo que están haciendo, ¿no? Y en todos los casos, sistemáticamente, la biblioteca es reconstruida y puesta de nuevo a funcionar muy rápidamente. Y luego no pasa nada con ella. No es que se quiera eliminar la biblioteca del barrio y entonces la destruyen hasta que se va. No, en un momento particular pasó algo, hay un tipo de conflicto que lleva a ese tipo de expresión, pero no hay la búsqueda de establecer la relación de fuerza con otro.

-La biblioteca de Medellín ha sido una experiencia -hoy un tanto fallida- que ha servido para conectar a las barriadas pobres con el resto de la ciudad. ¿Estas bibliotecas cumplen una función particular en las periferias de las grandes ciudades francesas?

-Cumplen una función muy importante. Son instituciones muy frecuentadas, son espacios de los cuales las familias sacan mucho provecho. Tienen un público más infantil y más femenino, que adulto y masculino. Y es un público que va mucho más a la biblioteca mientras está conectado con alguna institución educativa como la escuela, la universidad y tiende a alejarse un poco de la biblioteca cuando no está conectado con una institución educativa, aunque la función de estas bibliotecas no es de hacer apoyo escolar. Y esto tiene que ver con las prácticas de lectura. Cuando la gente lee, lee en general muchas cosas, y cuando está menos conectada con la lectura o tiene otras ocupaciones, se distancia de todas las formas de lectura. Pero sí, cumplen una función de integración social, cultural y política muy grande. Y entonces, cuando se incendia una biblioteca, hay una situación también de conflicto y de ambivalencia dentro de los propios barrios, porque la inmensa mayoría de la población lamenta muchísimo el ataque a la biblioteca, pero ese lamentarlo, no le impide comprender las razones y las motivaciones que llevaron a una bronca tal que provocó el incendio de la biblioteca. Porque incluso muchas veces, dentro de las propias familias, unos jóvenes queman la biblioteca, y las hermanas de estos muchachos están enojadas, o las madres, o los padres. Hay conflictos dentro del espacio social, que no son solo entre las instituciones y los habitantes. Las bibliotecas en Francia viven un proceso de modernización constante, poseen equipamientos muy ricos, en dotación de soportes culturales: hay discos, libros, películas, libros de toda índole que uno puede imaginarse, revistas, periódicos, acceso a internet, máquinas de juegos, salas de conferencias de teatro, etcétera. Esto lo vuelve aún más difícil de entender .

-¿Y qué pasa cuándo se ataca una escuela?

-Hasta se podría decir que es más fácil entender porque la escuela es obligatoria, da diplomas o no da diplomas, excluye al mismo tiempo que incluye, en fin. Es una institución con más poder. La biblioteca es una institución gratuita, a la que va quien quiere, el que no quiere ir no va, lee lo que quiere y lo que no quiere leer no lo lee, entonces es muy difícil entender por qué una bronca con esa institución tan abierta. Y verdaderamente los propios bibliotecarios, cuando reciben un cascotazo o una molotov, entran en un estado de profunda angustia, de grandísima perplejidad, y no pueden sino muy difícilmente entender que aquellos para quienes ellos trabajan les devuelvan como regalo un ataque. Y esta es una de las razones de ese silencio público del que hablábamos. ¿Por qué es muy difícil hablar del incendio de una biblioteca? Porque es muy difícil no sumar a la situación de esos barrios una estigmatización más. Es como agregarle un mal más a aquel barrio que ya sufre bastante; es quitarle prestigio, es quitarle reputación o darle peor reputación aun. Y por otra parte, es tan difícil de entender, pensar que eso que ocurrió es una brutalidad, que es inaceptable, intolerable, y que en consecuencia no se puede comprender un acto que es percibido como una barbarie. Sobre todo porque el incendio de la biblioteca se asocia muy rápidamente a estos otros incendios de bibliotecas de los que hablábamos, que es el incendio de la censura, del oscurantismo, de la anticultura, de la opresión y demás, entonces, cuando una biblioteca es incendiada se despierta aquel sentimiento y hay una voluntad de decir “no, no, no, hay que defender la biblioteca y no se puede quemar una biblioteca, y quien hace esto es un bárbaro”. Entonces es muy difícil poder hablar del incendio de una biblioteca sin anteponer a ello una palabra condenatoria. Pero la palabra condenatoria obtura la posibilidad de dialogar, de entender, de preguntarse por qué…

–¿Como repercutieron las elecciones presidenciales en estos barrios?

–El voto a Emmanuel Macron no tuvo ninguna adhesión de las clases populares en Francia. Es un candidato de sectores muy diplomados, de clases medias, de medianos y altos ingresos, del sector más estable que se proyecta al futuro a través de la Unión Europea y de la mundialización, de la manera más adecuada. Propuso una liberalización del mercado de trabajo y del servicio público que es claramente identificado por las clases populares como la causa de todos sus problemas. Votaron masivamente por Jean Luc Mélenchon. Ahora debe decirse también que estos barrios representan una fracción minoritaria de la población francesa. Son un grupo relativamente pequeño, con una expresión electoral reducida, porque hay altísimas tasas de abstención. Y como el voto no es obligatorio y como la oferta política no los representa, se abstienen, en gran medida.

–Y entonces, ¿quiénes votaron a Marine Le Pen?

–El voto del Frente Nacional recorre todo el norte y este de Francia, la frontera con Alemania, con Bélgica, y luego el sur, en la zona ya en contacto con Italia. Allí hay todo un sector de la economía de grandes industrias, que era uno de los corazones de la clase obrera francesa, que ha sufrido de manera muy vertiginosa un proceso de desindustrialización muy grande, y de precarización muy importante, e indudablemente allí hay una gran bronca, una angustia muy grande porque el futuro que se ve es un futuro de integración de Francia a la mundialización, y la adhesión de a la Unión Europea que se viven como la causa del estancamiento, la crisis, la desindustrialización y demás.

–¿Cómo quedó Mélenchon?

–En esta elección hubo una novedad muy importante, y es que lo que se llama “la France insoumise”, el proyecto de Mélenchon, disputó el terreno de las clases populares al Frente Nacional. Por primera vez desde la debacle del PC un partido de izquierda pone atención, llama, y logra la adhesión de empleados, obreros y desocupados de esta Francia más olvidada de la que hablábamos anteriormente.

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