Diez años de la otra vida del poeta Ángel González

Ángel González
Ángel González – ABC

La obra de este miembro de la generación del 50 sigue vigente y su mirada es rabiosamente actual

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Diez años después de su muerte, Ángel González (1925-2008) sigue vivo. Murió de lo que solo un poeta como él puede morir: de lo mucho que tenía vivido, que tenía amado, de lo mucho que había sabido apurar los venenos y los placeres del tiempo. Fue tan vital que no solo vivió una vez, sino muchas. Para dibujar su retrato, por eso, hay que ir no solo al fondo de su biografía sino también a sus palabras, a sus poemas y a sus reflexiones.

Ángel González fue siempre ese poeta al que uno le gusta encontrar: desacralizador, divertido y lúcido. Sabía que un hombre melancólico como él tenía que hacer divertida su vida; y sabía que un poeta de su estirpe no podía hacer poesía que no dibujara una sonrisa en los labios del lector. Sin esperanza, con convencimiento, así podía resumirse su biografía, como el título de uno de sus libros mayores.

Una obra en pie

Vivió sin padre desde los dieciocho meses, pero pasó su infancia rodeado de mujeres que lo cuidaron. En la guerra y postguerra estuvo en el bando de los perdedores, con muerto familiar y exilio de por medio. Fue maestro brevemente, funcionario y profesor universitario en Albuquerque. Le gustó por encima de todo la amistad, que supo atender con esa generosidad que imprimía siempre a los asuntos importantes. Fue, como quiso Cervantes, un escritor educado en la conversación de las tabernas y de las madrugadas.

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