Susanna Tamaro: «Querían que fuera una niña muy femenina, pero yo quería llevar pantalones»

A Susanna Tamaro (Trieste, 1957) el corazón la llevó a vivir lejos del ruido, cerca de la naturaleza más apacible, que en su caso se encuentra en una finca de la Umbría italiana. Allí ha conseguido ser libre (su mayor preocupación existencial) y escribir una obra tan vasta como exitosa. Con «La tigresa y el acróbata» (Seix Barral), la autora se adentra en el terreno atemporal de la fábula, un lugar que le ha costado mucho construir.

La tigresa de la novela es un ser incomprendido, que evita siempre el camino impuesto. ¿Hay algo de usted en ella?

Por supuesto. Yo nunca acepté recorrer el camino que me imponían los demás. De hecho, a mí si me decían que hiciese algo siempre me negaba.

¿Qué le imponían?

Querían que fuese más normal. Para empezar, que fuera una niña muy femenina con lacitos en el pelo. Pero yo quería ser exploradora. Quería llevar pantalones, pero en mi época que una niña llevase pantalones era un escándalo. Recuerdo que una vez cuando cumplí ocho años me regalaron una falda azul. Me quería morir. Quería prenderle fuego.

En el libro se habla mucho del valor de la libertad. ¿Cómo de importante es para usted?

«Pagué el precio de la soledad por ser libre, pero me alegro»

Es fundamental. Yo siempre he hecho elecciones de libertad desde la libertad. Y luego tuve que pagar un precio: la soledad. Ahora que tengo sesenta años estoy contenta de haber pagado ese precio. Si miro atrás y veo mi vida estoy contenta con lo que he logrado.

¿Por qué la soledad es el precio a pagar por la libertad?

No hay muchas personas que tengan la valentía de ser libres. El conformismo es mucho más fuerte.

En toda la novela estamos viendo al hombre desde fuera, desde el punto de vista del tigre. Se habla de él como un ser que mata por matar. ¿Cree que el ser humano es así?

Sí. Entre todos los seres vivientes del mundo los únicos que matan por el placer de matar son el hombre y el chimpancé.

¿El chimpancé?

Sí. En uno de sus libros, Jane Goodall, la estudiosa de los chimpancés, cuenta con enorme dolor el momento en que descubre que estos matan no solo para alimentarse, sino también por la lucha de poder. Es realmente conmovedor. En ese sentido se parecen a nosotros. Los demás animales matan para sobrevivir.

¿Desconfía del ser humano?

Creo que tenemos mucho potencial y muchas veces no nos damos cuenta. Es mucho más fácil seguir el camino del mal, el negativo, porque seguir la senda del bien exige un gran esfuerzo. Aparentemente seguir el camino negativo parece más natural.

No siempre.

Si uno conoce a la gente adecuada, la bondad sale a flote. Es fundamental a quién conocemos en nuestras vidas, como ocurre en el libro con la tigresa y el chamán. Él cambia el rumbo de su vida.

Él le revela la existencia de la eternidad. ¿Cómo de importante es la trascendencia para usted?

«Es imposible que toda la existencia sea solo un espectáculo de 80 años»

Es fundamental. Si no tenemos esa dimensión no logramos ver las cosas desde la perspectiva justa. El ser humano vive 80, 90 o incluso 100 años. Pero es poco tiempo. Yo tengo 60 pero me parece como si fuera ayer cuando era una adolescente. La vida va muy rápido y cuando envejeces demasiado te preguntas: ¿Ya va a terminar? Es imposible para mí que todo el mundo, toda la naturaleza, toda la existencia, sea solo un espectáculo de 80 años. No puede ser, es demasiado corto. Yo creo que hay una inteligencia que guía toda la naturaleza y que la vida continúa más allá. No sabemos cómo pero yo estoy segura de que continúa. Y esto me relaja mucho.

¿Cómo fue el momento en que se convirtió al cristianismo en medio de una familia atea?

Para mí ha sido un camino largo, como el que emprende la tigresa del libro. Vengo de una familia atea y anticlerical. Mi padre al principio era masón y luego taoísta. Mi madre venía de una familia de tradición judía. A mí me bautizaron porque era costumbre en Italia pero nunca recibí una educación religiosa. En un momento de mi vida conocí a personas muy libres que también eran cristianas. Entonces me dije «aquí hay algo interesante». Yo siempre quise ser libre.

¿Qué buscaba adentrándose en el género de la fábula?

Un tipo de narración distinto. Estamos llenos de historias superficiales en el mundo de los medios de comunicación, en televisión e internet. Sin embargo, las palabras pueden transmitir experiencias muy profundas. Para mí, la fábula es la manera de contar historias más profundas.

¿Le ha costado encontrar el tono que merecía la historia?

Es el libro más difícil que he escrito. Lo abandoné durante un año y llegó un punto en el que pensaba que no lo iba a terminar. Para mí las referencia ha sido la naturaleza, que es atemporal. No tenía referencias literarias.

¿Le ayudó su experiencia como documentalista?

Me ayudó mucho. Para describir las nubes o las hojas hay que conocer ese mundo de primera mano.

¿Por qué una tigresa como protagonista?

Porque yo de carácter me parezco mucho a la tigresa. El tigre es un animal que se asemeja mucho al hombre: no tiene enemigos y es un gran depredador. De algún modo, tiene una competencia espiritual con el ser humano.

¿Cómo es su relación con la naturaleza?

«Puedo escuchar el zumbido de las abejas aunque estén a 100 metros de distancia»

Cuanto más pasan los años más difícil se me hace estar lejos de ese mundo. Me encuentro completamente sincronizada con la naturaleza. Si, por ejemplo, salgo a dar un paseo por Madrid puedo escuchar el zumbido de las abejas aunque estén a 100 metros de distancia. Y las encuentro.

¿Le preocupa el cambio climático?

Es algo grave, gravísimo. Yo vivo en el campo desde hace treinta años, trabajo la tierra y noto mucho la diferencia. En los últimos diez años ha habido un cambio muy brusco. Ya no tenemos agua. En Italia todo es arena. En la parte central del país, donde yo vivo, no llueve nunca y hace un calor terrible. Y después llegan esas grandes lluvias tropicales: llueve durante diez minutos con mucha intensidad, se inunda todo, y en tres meses no vuelve a llover.

¿Tiene solución?

Los poderosos deberían pensarlo, pero no le dedican mucho tiempo. Por supuesto que cada uno de nosotros puede hacer elecciones individuales. Muchas pequeñas elecciones. Pero la gran contaminación viene de otras fuentes: de la gran industria, por ejemplo.

A lo largo de la novela vemos cómo la tigresa se educa y crece. ¿Cómo ve el sistema educativo en Italia?

En Italia el sistema educativo está destruido por los políticos. Ahora el problema es que el nivel social del niño es determinante para el tipo de educación que recibe. Existe una selección. Cuando yo iba al colegio muchos de mis compañeros de clase eran hijos de obreros o de personas que tenían trabajos humildes y todos podían llegar a ir a la universidad. Tenían becas. Estructuralmente se podía lograr. Ahora solo puede hacerlo quien tiene el dinero para proporcionarse una educación de calidad.

De pequeña no le gustaba leer. Después estudió cine. ¿Por qué comenzó a escribir?

Era mi destino, como el de la tigresa de la novela. Cuando era pequeña había libros para niños que eran muy aburridos. Yo leía la enciclopedia de los animales.

¿Hay mucho cine en su literatura?

Yo creo que todas mis obras podrían convertirse en películas, en bonitas películas (ríe). Mis descripciones son muy visuales. Veo una escena y la describo. En ese sentido mi escritura es cinematográfica.

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