Seis autores hablan del robo de libros | El Comercio – El Comercio (Ecuador)

A finales de julio, la policía de Itápolis, un pequeño municipio del estado de São Paulo, en Brasil, anunció la captura de un joven de 18 años que había robado 384 libros de la biblioteca municipal.

En su confesión, el ‘ladrón ilustrado’ contó que todos los libros estaban en su casa y también que había decidido robarlos para ir armando su biblioteca personal.

La noticia del ‘ladrón ilustrado’ activó nuevamente el debate sobre las implicaciones éticas del robo de libros. En redes sociales muchas personas comenzaron a citar al escritor chileno Roberto Bolaño, quien en una oportunidad señaló que “lo bueno de robar libros y no cajas fuertes es que uno puede examinar con detenimiento su contenido antes de decidir perpetrar el delito”.

En un ejercicio de carácter lúdico, este Diario invitó a que seis autores locales: María Fernanda Ampuero, Marcela Ribadeneira, Mónica Varea, Leonardo Valencia, Salvador Izquierdo y Ernesto Carrión contaran si alguna vez habían robado un libro o si tuvieran la posibilidad de hacerlo, qué libro sería el elegido y por qué.

Los autores convocados han rechazado el robo de libros; sin embargo, algunos confiesan que sí han robado libros. En la mayoría de los testimonios, lo curioso son las anécdotas de los libros que fueron prestados y que nunca fueron devueltos. Un acto que les provoca sentimientos culposos.

‘Me pudo más  la prudencia’
Leonardo Valencia es autor del libro ‘La luna nómada’.

“La propuesta indecente de qué libro robaría es tentadora. Hay una forma diferida de hacerlo: no devolver un libro prestado. Todavía le debo devolver a un escritor amigo la primera edición del ‘Ferdydurke’, de Gombrowicz, al español (él se quedó con mi ejemplar de ‘El castillo’, de Kafka). Creo que los libros hay que comprarlos, cueste lo que cueste. Sé que en Quito y Barcelona tengo dos amigos que tienen el rarísimo libro ‘Codex Seraphinianus’, de Luigi Serafini. Atentos, amigos.
Lo que más me tienta son los manuscritos. Tentadísimo estuve con el manuscrito de los ‘Capítulos que se le olvidaron a Cervantes’ que está en la casa de Montalvo en Ambato. Me pudo más la prudencia. Terminamos escaneándolo y ahora está en la biblioteca de la Universidad Andina. Cada noche lo reviso en pantalla sublimando mis malas intenciones”.

‘Robé un libro a mi abuelo’
M. Fernanda Ampuero ganó el Premio Cosecha Eñe 2016.

“No tengo que pensar en qué libro me robaría porque ya lo robé. Se trata una edición de ‘Obras Completas’ de Oscar Wilde de la colección de libros de cuero y papel de biblia de la editorial Aguilar. El libro pertenecía a mi abuelo Fernando y yo era una niña cuando se lo robé. Él no era un gran lector –prefería ver una y otra vez videos musicales de sus idolatradas Rocío Jurado y Paloma San Basilio–, pero sí era un hombre obsesivo como buen Ampuero, así que los libros que tenía eran toda –pero toda– la colección de clásicos que en aquellos tiempos enchufaban al cabeza de familia los vendedores de puerta a puerta de Sopena, Salvat o Gredos. Estos predicadores de la palabra que eran los vendedores de enciclopedias permitieron, gracias a Dios, que en mi casa hubiera más libros que lectores: esperándome, supongo”.

‘Hurté un libro en Seattle’

Salvador Izquierdo, su nuevo libro de relatos es ‘Te perdono régimen’

“Robar libros está mal y siempre produce arrepentimiento. Pero claro, como todo escritor he robado y he pensado, muchas veces, en robar libros. Una vez robé una revista de Granta (que imprimen en formato de libro) del almacén universitario en Seattle. El tema de esa edición de la revista era el sexo. Me gustaba el diseño de la portada, todo blanco, con letras doradas y la imagen sugerente de un monedero elegante de color rosado, semiabierto. Además, traía un texto corto del escritor chileno Roberto Bolaño (un gran agitador de la causa romantizada a favor del robo de libros). Esto ocurrió en el 2010. Bolaño había llegado hace poco al mercado anglo y leerlo, traducido, era como volver a descubrirlo. Era el 2010 y robar un libro me parecía posible. Espero nunca volver a hacerlo. Y estaré siempre atento a las rebajas”.

‘Nunca devolví un libro de…’
Marcela Ribadeneira, la escritora es autora del libro ‘Matrioskas’.

“Nunca he robado un libro. Lo que sí he hecho, por despiste, es quedarme con uno sobre principios de composición en la fotografía, de Andreas Feininger. Lo pedí prestado en el invierno del 2005, en una biblioteca de Roma, y nunca pude vencer la pereza de ir en ese frío a devolverlo. Aún suelo consultarlo cuando escribo algo relacionado al cine y a la fotografía. Más bajo que eso es que, por navidades o cumpleaños, le he regalado a Eduardo, mi esposo, libros que en realidad compré porque yo quería leer. Pasó al menos tres veces, con ‘The Martian’, de Andy Weir; con ‘Limónov’, de Emmanuel Carrére, y con ‘Max’, de Sarah Cohen-Scali. Esperé a que terminara de desenvolverlos y me puse a leer enseguida.
Ahora, si llego a encontrar por ahí un ejemplar de ‘Sanatorio La clepsidra’ (Sanatorio bajo la clepsidra), de Bruno Schulz, me lo robo sin culpa. He buscado ese libro y hasta ahora no lo encuentro”.

‘Poesía de Rafael Alberti’
Mónica Varea es librera y autora de literatura infantil y juvenil.

“Robo ¡ni de libros! Papá siempre decía que quién presta un libro es un pendejo y quien devuelve es más pendejo, sin embargo yo opté por ser “la más pendeja”…siempre devuelvo. Nunca fui capaz de robar un libro y ahora que sé lo difícil que es mantener una librería independiente ¡soy más incapaz! Pero a mi papá sí le robé libros, ‘El lobo estepario’, del escritor suizo-alemán Hermann Hesse; ‘Tuberculosos célebres: Grandes personalidades forjadas por la tuberculosis’, y ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez fueron los libros que más me reclamó.
Lo terrible del ladrón de libros es que se cree intelectual y no se da cuenta del daño que hace. Al leer historias de libreros te enteras de que muchos tuvieron que cerrar su tienda porque los robos las quebraron. Tal vez por necesidad robaría poesía de Rafael Alberti y Dulce María Loynaz seguramente”.

‘Tengo un libro de Artaud’
Ernesto Carrión, este año ganó el Premio Casa de las Américas.

“Tengo un problema con el acto de robar, una incapacidad que me ha condenado desde niño a mirar cómo otros tomaban cosas que no eran suyas sin ningún remordimiento. No se trata de mojigatería, es, simplemente, una imposibilidad para mí. Ahora, si contamos como ‘robar’ quedarse con libros prestados, no devolverlos, pues entonces sí he incurrido en esto, como todo el mundo. Primero me pasó con un libro de Artaud, si mal no recuerdo, sobre su experiencia con Los Tarahumara. Me lo quedé por mucho tiempo (no recuerdo si lo devolví o se quemó en un incendio accidental que devoró un librero de mi biblioteca). Igual pasó con la primera edición de ‘Contra natura’, de Rodolfo Hinostroza, el que me fue entregado por alguien que, en calidad de hurto/regalo, se lo llevó de la biblioteca de su padre, y como era un obsequio fabuloso lo acepté. Años después Hinostroza lo firmó”.

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