Novela negra, oda a la tensión

Portada de «Betty»– EFE

La gran novela actual sobre un personaje arquetípico de la serie negra, la «femme fatale». Pareciera que uno está leyendo una historia de James M. Cain, con una modesta diferencia: la acción transcurre en Reikiavik. Es un viaje a la perdición, sin costuras, ni remilgos. Asombra cómo Indridason, conduce al protagonista, y con él, al lector a los más oscuros abismos del mal. El giro, brutal, aparece, nadie se adelante, hacia la página 128. Pero valen las apuestas, porque pocos, muy pocos lectores, jueguen a ello este verano, habría descubierto el asombro antes. Una vuelta de tuerca, en los hielos del Norte, a las clásicas historias del género.

Arnaldur Indridason. RBA, Barcelona, 2017. Traducción de Fabio Teixidó. 231 páginas. 19 euros.

Portada de «Trilogía negra de Pekín»– ABC

Nada como sumergirse, porque las tramas que aquí se cuentan requieren una escafandra de buzo, en lo más oscuro del Pekín actual. Son tres novelas que se leen como si uno paseara, junto a los protagonistas, por las callejuelas de una ciudad que ya no existe y se perdiera entre los rascacielos de una megalópolis alucinada. Meu Wang es la detective. Aquí se cuenta cómo cruzar una calle es cambiar de mundo, adentrarse en determinadas sociedades, una aventura; bucear, otra vez, en los vaivenes de tanta riqueza reciénvenida, un riesgo que alentará al lector a seguir y seguir hasta la página final. De eso se trata en verano.

Diane Wei Liang. Siruela, Madrid, 2017. Traducción de Lola Diez. 685 páginas. 23,70 euros.

Portada de «La sombra de Quirke»– ABC

Dublín, años cincuenta. Una ciudad atormentada que sólo resiste la niebla de su pasado frente a una buena jarra de cerveza (negra) o un vaso de whisky, en las cien mil barras de las cien mil tabernas. Quirke es forense, pero sabe que tras una muerte violenta se encierra una historia. Y se empeña en olvidar la mesa de vivisección y meterse en jaleos con fuerzas poderosas que pretenden, en curiosas sociedades distinguidas, cuajadas de gentes honorables y benefactoras, esconder la inmensa mentira que representan y el monumental cinismo de su ajetreada vida social. Quirke sabe cómo complicarse la vida, y Black contárselo al lector.

Benjamin Black. Alfaguara, Madrid, 2017. Traducción de Nuria Barrios. 312 páginas. 19,90 euros

Portada de «La chica de Kyushu»– ABC

Sobre Seicho Matsumoto se escribió que era el George Simenon japonés. Qué soberbia. Sería porque aún no se había leído, aquí en Occidente, esta prodigiosa historia de perversiones y venganzas. Porque entonces bien podría darse la vuelta a la comparación. La precisión de un entomólogo, la sangre fría de un científico al borde de su gran descubrimiento, el escalofrío de sentir cómo la acción avanza hacia un desenlace, más sospechado que previsible y la formidable creación de un personaje literario implacable y astuto, esa chica de Kyushu que rompe todos los moldes del género. Genial.

Seicho Matsumoto. Libros del Asteoride, Barcelona, 2017. Traducción de Marina Borrás. 261 páginas. 17,95 euros.

Portada de «Recursos inhumanos»– ABC

Hoy, para muchos, el asfalto de las ciudades es una jungla y la ambición y el obsesivo deseo de poder, una plaga que se extiende con un reguero de podredumbre sin fronteras. Lo alucinante que podría parecer la espeluznante historia que cuenta el siempre espeluznante Lemaitre, quien lleva el vértigo de cada narración al límite, es un hecho real, vamos, que ocurrió. Aquí las libertades literarias son mínimas, de ahí el desasosiego que puede causar al lector, pero, sin embargo, qué maravillosamente bien está contado. Cada paso hacia el abismo, cada punto sin retorno, cada miseria de una sociedad decididamente desnortada.

Pierre Lemaitre. Alfaguara, Madrid, Traducción de Juan Carlos Durán Romero. 388 páginas. 19,90 euros.

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