Los terribles peligros de leer en la cama

  • En el siglo XIX era considerado una locura.
  • Podía causar incluso la muerte.

Libro, vela encendida y reloj.

Si bien hoy en día no hay nada más normal que irse a la cama con un buen libro en las manos y relajarse leyendo un ratito antes de dormir, hubo una época en la que este sencillo placer estaba muy mal visto. De hecho, su práctica estaba desaconsejada, ya que parecía atentar contra la moral, o incluso con casos de extrañas muertes. Corría el siglo XIX y leer en la cama era de lo peor que alguien podía hacer.

Encontramos una nota en el diario The Spectator con fecha de 1831, Lord Walsingham ha sido encontrado muerto, sus restos casi destruidos por completo y con las manos quemadas y convertidas en cenizas. Su mujer también sufrió un destino fatal, ya que saltó por una ventana huyendo del terrible incendio que se había desatado por culpa de su marido.

La razón que se dio en el momento fue que se había quedado dormido leyendo en la cama. Una práctica de moda que, sin duda, era sinónimo de muerte por incendio, ya que en aquella época se iluminaban las lectura con velas. Desatendidas, el resultado podía resultar fatal. La recomendación general era terminar el día con una oración, dejando caer que la lectura de novelas en la cama era un claro síntoma de la pérdida de la moral cristiana.

Algunos textos del XVIII y el XIX llevan a dramatizar en exceso este tema, mostrando las terribles consecuencias de dormir en la cama. En 1791, Hanna Robertson publicó Tale of Truth as well of Sorrow, relato de una desgracia familiar que se inicia con el incendio de la casa familiar debido a las costumbres lectoras nocturnas de un invitado noruego. Lo de noruego sería para dar el toque exótico.

También hay casos reales, o eso parece, ya que el conocido escritor satírico Jonathan Swift, autor de Los viajes de Gulliver, casi quemó por completo el Castillo de Dublín por este motivo, tras lo que intentó sobornar a las autoridades para que no se supiera.

Lo cierto es que podías morir en la cama debido a la lectura, aunque no era algo común. De 1833 a 1866 se desataron casi 30.000 incendios en Londres. Sólo 34 fueron debidos a la lectura nocturna. El mismo número que debidos a la acción de los gatos.

Entonces, ¿a qué venía tanto ruido alrededor de la lectura en la cama? Bien, hasta hacía poco, la lectura era un acto comunitario, oral, ya que no todo el mundo sabía leer. La lectura nocturna era una lectura privada y solitaria, los dormitorios se alejaban más de las habitaciones de los sirvientes, que a su vez también podían leer. Era un cambio radical en la sociedad.

Pero, sobre todo, afectaba a las mujeres, que se estaban convirtiendo en las principales lectoras. Al parecer, este tipo de entrenamiento era considerado un vicio solitario que podía afectar al comportamiento natural del matrimonio, ya que las novelas podían alentar su vida interior, sus propias fantasías; es decir, su propia independencia.

Hoy en día podemos apreciar una tendencia en ocasiones inversa. Cada vez se lee menos y se busca conexión con el resto de nuestros conocidos a través de las redes sociales, algo que era normal en el siglo XIX antes de ir a la cama. Solo que ahora lo hacemos a través de pantallas en lugar de rezando en la sala más grande de la mansión.

Vía: The Atlantic

Alfredo Álamo


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(Valencia, 1975) escribe bordeando territorios fronterizos, entre sombras y engranajes, siempre en terreno de sueños que a veces se convierten en pesadillas. Actualmente es el Coordinador de la red social Lecturalia al mismo tiempo que sigue su carrera literaria.

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