Libros al alcance de la mano – Vanguardia.com.mx

La Secretaría de Cultura invitó a un día de obsequio y venta de libros: ocho horas de exposición de ejemplares que se regalaban o vendían a bajo precio. Este artículo es una autoexigencia de honestidad: varias veces me he quejado de que los libros que publica el Gobierno del Estado no llegan al público; son regalos del Ejecutivo para políticos que jamás los leerán. Los distintos alcaldes que ha tenido Saltillo tampoco compartían sus publicaciones. Recientemente se instaló una pequeña librería “Acequia Mayor” en la planta baja del Teatro García Carrillo. Ahí puede uno comprar sus libros.

No estoy queriendo decir que yo influí, pero debo comentarlo. Se anunció que la venta iniciaría a las 8:00 de la mañana. Llegué a las 8:10 y ya había compradores; tuve que meterme en un huequito cuando pude. Vi libros de obsequio y otros muy baratos. Algunos los había tratado de conseguir sin éxito. Libros magníficamente diseñados, de pasta dura, fotografías a color y el mejor papel costaban entre 60 y 100 pesos. Fue, realmente, un día especial para quienes amamos no digo los libros, sino la lectura.

Por supuesto que no compré ninguno que ya tuviera, para darle la oportunidad a otros, pero sí regresé a mi casa con seis u ocho volúmenes. Se vendía un libro mío y, según el vendedor, lo habían pedido no pocos.

Estaba a la venta un libro reciente de Javier Villarreal Lozano,“¡Ay! Saltillo, si tus calles hablaran”, que no compré porque lo había leído antes. Es muy interesante. Javier dice que no es “historia”, pero creo que tiene mucha cercanía con esa ciencia. Entre sus páginas, que en momentos parecen anecdóticas, asoman datos que iluminan hechos del pasado saltillense que se han ocultado a sus habitantes, como es el caso de la colección de objetos y libros de don Artemio de Valle Arizpe que fue saqueada inmisericordemente por algunos “administradores” del mismo Ateneo. No digo más: léalo.

Estaba a la venta el último de Alfredo García Valdez, que es el segundo tomo de una novela sobre Saltillo muy curiosa, muy misteriosa, muy seductora. Creo que este segundo tomo tiene un retraso sobre el primero de al menos un año. Confieso que cuando lo leí batallé para hincarle el diente, pero una vez que me atrapó el estilo, lo gocé. Es una novela llena de datos conocidos o de personajes reales ahí desdibujados (como son en realidad en la vida social: disimulados o socarrones o hipócritas, usted pondrá el adjetivo). La recomiendo. Alfredo es garantía y el Saltillo que ahí desfila es inédito y furtivo.

Otra buena noticia es que esa vendimia tendrá lugar también en Torreón, Monclova y Piedras Negras. Felicidades. ¿Para qué dejar que esos libros se queden en húmedos sótanos para que tarde o temprano vayan a dar a la pila de reciclaje?

No comento otros libros que compré o que ya tenía porque todavía no los leo. Hay para todos los gustos: poesía, prosa, relato, cuento (uno que coordinó Julián Herbert de cuentos de sus talleristas), los había de cocina, de fotografía, de historia, de música (lea el maravilloso escrito de Eliezer Jáuregui). Se vendió barata la Enciclopedia de los municipios y muchos más. Y, le ruego que los lea usted, porque quizás mis interpretaciones no son las más adecuadas: tendrá, de seguro, mejores opiniones que las mías.

Pienso que tanto Ana Sofía García Camil, por el Estado, como Mabel Garza, por el Municipio, han hecho un loable esfuerzo. Y aprovecho para recordar que el Centro Alessio Robles ha publicado buenos libros de historia local y regional, además de biografías que hacían falta. Y pego aquí el chicle: la Escuela de Ciencias Sociales ya llegó al título número 50, que no es poca cosa. En su mayoría, sus libros son de historia, pero los tiene de otros géneros. Deberá ponerlos a circular en Coahuila, aunque hay que decir que maneja bien el intercambio con otras instituciones.

Un recuerdo: estábamos en Guanajuato, en un ejido. 

Discutíamos sobre la alfabetización de adultos. Yo expuse mi experiencia de Chiapas. Nos convocaba el gran especialista Pablo Latapí. Un defeño se expresó muy mal de los libros que se publicaban en provincia. Latapí lo enfrentó: “hay que publicar: los autores, el tiempo y el público harán que vaya mejorando el trabajo editorial”. 

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