Joy Williams: «Gran parte de la ficción contemporánea es frívola y está obsesionada con el yo»

Cuando Joy Williams (Chelmsford, Massachusetts, 1944) publicó en España «Estado de gracia» (Alpha Decay, 2015), las instrucciones para pedir una entrevista con ella fueron claras: enviarle una carta postal. «No sabemos si llega a responder porque es misantropía pura. ¡Nunca se sabe! Igual rompe su silencio porque le caes bien si le mandas una carta tierna», dijeron sus entonces editores. De ahí que la sorpresa fuera mayúscula cuando, dos años después, una de las escritoras más esquivas de la literatura actual –con permiso de Thomas Pynchon y evocando al maestro Salinger– estuviera dispuesta a hablar con ABC con motivo de la llegada a nuestro país de sus «Cuentos escogidos», en una maravillosa edición de Seix Barral. Sus respuestas, como su escritura, encierran el enigma de la vida misma. Irresoluble, por tanto, pero merecedora de ser experimentada (y leída).

Estos «Cuentos escogidos» se leen como una sola historia y, a medida que vamos pasando las páginas, vemos cómo hemos devastado nuestro planeta mediante una corrupción buscada, deseada por el propio ser humano. ¿Así ve a nuestra sociedad?

Me gusta eso que dice: una «corrupción deseada», exactamente. Ya no podemos ser descritos como meramente descuidados, irreflexivos o miopes. Consumimos, desperdiciamos, nos reproducimos y construimos en un delirio estéril. Realmente, a estas alturas sólo puede considerarse una psicopatía.

Desde ese punto de vista, ¿puede la ficción ayudarnos a comprender nuestro propio comportamiento?

Gran parte de la ficción contemporánea es osadamente frívola y está obsesionada con el yo. Eso nunca fue adecuado para nuestras necesidades, y ahora resulta particularmente insignificante e indulgente.

¿Y qué hay del sufrimiento? ¿Es la literatura el espejo que refleja el trauma inherente a la vida?

Vaya, esa es una pregunta hermosa y no estoy segura de saber cómo responderla… Los espejos son espeluznantes, sin duda. Apenas nos acercamos a ellos un instante; después nos alejamos y el espejo se queda ahí. No logramos retener su interés durante mucho tiempo. Pero, ¿qué ven los espejos cuando no reflejan nada?

En estos relatos («El país», por ejemplo, pero también «Otra estación» o «En el parque») se evidencia, aún más, su interés en la eternidad y en las distintas formas de irrealidad.

Bueno, todo parece menos comprensible y permanente a medida que uno envejece…

En ese sentido, en uno de los cuentos un personaje asegura: «Los animales están más cerca de Dios que nosotros». ¿Cómo es su relación con los animales?¿Qué piensa de la forma en que la sociedad los trata?

La mayoría de la gente los considera plagas, comida o practica con ellos deportes asesinos. Cada vez aprendemos más sobre su inteligencia, sobre sus fidelidades y su estructura social, y, sin embargo, su exterminación continúa, más o menos, sin cesar. Es otro ejemplo de nuestra «deseada corrupción» y su aparentemente inagotable variedad.

Joy Williams, con uno de sus perros, cuando este era un cachorro
Joy Williams, con uno de sus perros, cuando este era un cachorro– ABC

Algunas de las historias que publicó hace décadas podrían haber sido escritas ayer mismo. ¿Cómo ve el paso del tiempo en su obra?

Nunca fui capaz de contar una historia, así que quizás por eso tuve más libertad para investigar, descubrir algo más. Muchos escritores no mejoran de manera perceptible. Quizás avanzan por carreteras secundarias en espiral.

Pese a que parece un género muy acorde a los tiempos que vivimos, donde la atención es más frágil, el cuento sigue sin tener la importancia que merece en el mundillo literario. ¿Está de acuerdo?

No lo creo. Creo que los cuentos cada vez son más particulares, peculiares y relevantes. La expresión «historia corta» es terrible, amortiguadora, frívola. Deberíamos denominarlo de otro modo. Es un género que realmente merece ser llamado algo más.

¿Y qué diferencia a un cuento de una novela?

Una novela trata de ser tu amiga. Un cuento no hace eso casi nunca.

¿Se prepara de forma distinta cuando va a escribir un cuento y cuando está a punto de comenzar una novela?

Por supuesto. Tardas muchos, muchos meses en escribir una novela, si no años. Con un cuento, ves la luz al final del túnel en cuestión de semanas.

«Sólo los escritores de best sellers piensan en sus lectores como “lectores”»

En un ensayo que escribió en 1998, decía: «Hay algo malsano y destructivo en todo el proceso de escritura. Los escritores son como ermitaños o anacoretas, que no parecen saber muy bien por qué subieron a la cueva». ¿Cómo se ve, a usted misma, como escritora?

Una vez comparé a Don DeLillo con un gran tiburón por su facilidad apocalíptica para conectar con nuestra psique y con los tiempos que más nos preocupan, que más tememos. Y que yo quería ser un gran tiburón también. Otro tiburón. Un tiburón diferente, en una parte diferente del océano. El océano es enorme. ¡Bastante presuntuoso!

En ese mismo ensayo, dice: «Nadie espera que un escritor haga amigos con su escritura, no lo creo». ¿Usted escribe pensando en sus lectores?

Sólo los escritores de best sellers piensan en sus lectores como «lectores».

Cito a Joan Didion: «Lo más difícil de la primera frase es que te atascas con ella. Todo lo demás va a salir de esa frase. Y en el momento en que eliges las dos primeras frases, te quedas sin opciones». ¿Por qué la gente tiene tanto interés en saber de dónde viene la ficción?

Solía mencionar esa cita en los talleres de escritura. Todo el mundo se quedaba horrorizado. Se negaban a aceptarlo. Por eso se valora tanto la revisión.

En un artículo publicado en «Harper’s Magazine» en octubre de 2015, el escritor Jonathan Dee la comparaba con James Salter y el recientemente fallecido Denis Johnson. ¿Qué piensa de esas comparaciones? ¿Qué autores la han traído hasta aquí, en quiénes se ha inspirado?

Ambos son escritores maravillosos. Muy diferentes, por supuesto. Los escritores que importan son tan diferentes unos de otros… Pero hay una cadena, una cadena que tiene significado e incluso hace promesas, que vincula la búsqueda sincera hacia el siguiente autor o hacia otro. Chéjov habló de ello en su relato «El estudiante».

Por cierto, ¿qué opina de la expresión «escritor de escritores»?

No es tan despectivo como «escritor de escritor de escritores».

«Trump es sólo un payaso. El verdadero daño lo está haciendo la agenda conservadora republicana»

También se la compara, a menudo, con Flannery O’Connor por su humor devastador, catastrófico casi. ¿Cómo usa ese tipo tan particular de humor en su escritura?

Es difícil definir el humor, ¿verdad? Los animales no son graciosos. Saben jugar y se abochornan, por supuesto. En uno de mis cuentos, un personaje dice, refiriéndose a Jesús: «Nunca sonreía. Pobre chico». Intentar comprender, entender, es divertido.

Lleva cincuenta años escribiendo. ¿Qué piensa cuando mira hacia atrás? ¿Le gusta cómo ha evolucionado la literatura, cómo ha cambiado, en los últimos años? Quiero decir: ¿realmente sabemos hacia dónde vamos?

En mi cuento «The Visiting Privilege», aparece esta conversación: «Cynthia dijo: ‘Simplemente no puedo aceptar tanto, sabes, Donna, y realmente siento que mi capacidad para adaptarme ha sido sobrepasada’. ‘Cynthia –dijo Donna–, todos estamos solos en un mundo sin sentido. Eso es todo. ¿Ok?’. ‘¡Para ti es muy fácil decirlo!’, gritó Cynthia». Entonces se perdió la conexión. Las conexiones siempre se pierden.

Es curioso, porque ha escrito cuatro novelas, pero una vez dijo que «una novela es un compañero amistoso, locuaz quizás, pero de buen corazón. Los pesimistas escriben cuentos».

Los cuentos se ocupan de ese momento revelador, de ese incidente que define una vida. En ese sentido, un relato puede parecer algo despiadado, sin corazón, al mostrar ese momento.

Hablando de escritores y pesimismo, me puedo imaginar a alguien muy pesimista escribiendo un relato sobre lo que está sucediendo ahora en su país, con Trump como presidente. ¿Cómo lo está viviendo?

Trump es tan horrible… Nos hemos quedado prácticamente sin palabras, estamos llenos de indignación y desprecio. Pero es sólo un payaso. El verdadero daño lo está haciendo la agenda conservadora republicana.

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