Frida, la editorial que ha convertido la poesía en best seller

En ese caldero hirviendo que son las redes sociales, tan razonablemente denostadas cuando el anonimato ampara injurias salvajes, se coció una de las editoriales más potentes del panorama actual. Al calor de los «likes» y los retuits de la amalgama de jóvenes que se dan cita en ellas nació Frida, que en apenas tres años ha reventado el mercado literario colocando a la poesía entre los géneros preponderantes en las listas de ventas. Y lo ha hecho absorbiendo a una ristra de autores de lo más variopinta, que va desde poetas vocacionales hasta cantautores, con un hueco reservado para los raperos.

Los datos hablan por sí solos: del 4,2% que cayeron las ventas de libros en 2015, al 25,6 que subieron las del conglomerado «poesía y teatro», según datos de la Federación de Gremios de Editores de España. Frida acumula más de 40 títulos en colección dedicados al verso, con tiradas impensables, como los más de 100.000 ejemplares despachados de «Casi sin querer», firmado por Defreds.

Precisamente Defreds es uno de los mayores exponentes no solo de Frida, sino de esta «neopoesía» que ha revitalizado el género y no deja de hinchar las cinco letras que componen su nombre. Hablamos de alguien con casi 250.000 seguidores en Facebook, que vende libros como ya quisieran algunas de las plumas más reconocidas del país, y que propició colas de más de cuatro horas en la pasada edición de la Feria del Libro de Madrid. Junto con él brillan cantautores como Pedro Guerra, Ismael Serrano o Marwan, y raperos como El Chojin o Rayden.

«La poesía estaba estigmatizada. La gente la concebía como algo aburrido», dice Diego Ojeda, el fundador de Frida. Él encuentra el elemento diferenciador de su audiencia en que está «liberada de prejuicios». Una chica de entre 17 y 27 años es el perfil más habitual de su público, con el matiz del autor, que puede distar tanto como lo hacen Defreds o un cantautor experimentado como Guerra.

Orígenes

Frida nació con un nombre distinto, Alsari, en 2014. Por cuestiones legales, adoptó la denominación actual, fruto del vínculo que une a Diego Ojeda con México, el país que vio nacer a la pintora homónima. Desde el momento de su formación no dejó de crecer: comenzó con «Mi chica revolucionaria», un poemario escrito por Ojeda que decidió autopublicar, cansado de llamar a puertas en busca de alguien que apoyase su obra, y que alcanzó los primeros puestos de ventas en un puñado de semanas. Desde entonces, todo fue vender y crecer. Ahora Frida tiene a seis trabajadores en nómina y unas 70 firmas presentes en la Feria del Libro.

«Es un ascenso progresivo. Saqué mi primer libro y en 15 o 20 días se convirtió en el más vendido de España. Cada libro que fuimos sacando terminaba entre los más vendidos», explica Ojeda. Lejos quedan aquellas tiradas de mil unidades con las que acompañaban el lanzamiento de sus títulos. «Ahora el mínimo que hacemos son dos mil», dice. O 40.000, como sucedió en el caso de la última obra de Defreds.

Su nutrido público se ve potenciado por una fidelidad que refuerza la marca y que tiene la consecuencia más palpable en las interminables colas que se forman en cada evento que organizan. Los recitales de poesía, los conciertos —donde Marwan sigue arrastrando legiones de incondicionales— y, especialmente, las redes sociales, perenne punto de apoyo en la gestación, el crecimiento y la convivencia con el éxito de Frida, son oportunidades que aprovechan para devolver el cariño a sus fieles.

«El contacto que se tiene en la Feria del Libro es diferente. Estás tranquilo, no cansado después de cantar, y puedes ser más cercano con la gente», cuenta Ojeda, que relata con cariño una escena recurrente en cada edición. «La Feria coincide con la selectividad, y todos los años vienen padres para que les firmemos los libros de sus hijos, que tienen que quedarse a estudiar en casa. Me dan las gracias por inculcar a sus niños el hábito de la lectura», remata orgulloso.

Error

Pero no todo son flores en el universo internet, caladero de odios desatados por excelencia. Los particulares «haters» de esta editorial están en el sector más clasista, más literario, de la poesía, reacio a admitir el producto de Frida entre los cánones delimitadores del verso. «El error es que muchas librerías colocan libros como los de Defreds, que no hace poesía, en el estante asignado para ella», justifica Ojeda, que no cree que nadie tenga «una vara de medir» para decir qué se admite o no en el género.

Frente a su otro gran enemigo, la competencia, Ojeda se muestra no solo tranquilo, sino orgulloso. «Están intentando copiarnos y no les está saliendo», razona. Dice que, por ahora, no les están afectando las tentativas de grandes editoriales que quieren llevarse a sus firmas insignia, pues ellos sacan nuevos escritores «constantemente». «No vivimos solo de un autor», sintetiza. Mientras tanto, siguen coleccionando «followers», llenando salas y, sobre todo, vendiendo libros.

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