El librero que no vende libros malos – Clarín.com

Hola, buenas tardes, ¿acá venden los libros más caros de la ciudad?

Si Federico Turrín Sabot (T.S. Fede) no se enojara, esto debería empezar así.

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Más que nunca, y de manera inexplicable, el libro se transformó en objeto y el objeto es todo lo bueno que puede pasarle a este mundo evanescente. Menos cuando se habla de la mujer, el objeto es fetiche y el fetiche, melancolía.

Los estantes de esta librería son como los brazos de un luchador de sumo: puro vigor literario tapizando las paredes. Si en lo de Federico hay libros que salen más caros que un par de New Balance, quiere decir que el libro unido jamás será vencido.

La Lengua Absuelta. Así se llama. ¿Nos descalzamos para entrar? Su estrategia comercial consiste en prestarles especial atención a los escritores argentinos contemporáneos opacados por Borges, Bioy y Cortázar.

No hay ni un libro de la década del ‘40.

Con T.S. Fede pasan cosas raras: de golpe él puede pedirle una dedicatoria a un autor y el escritor agarra y le pone: “Con toda mi admiración”. Es así, los escritores quieren ser como este dandy que jamás negocia sus cuidadosas tres horas diarias de lectura, que abre después del mediodía y cierra antes de que caiga el sol.

En siete años detectó algo que los especialistas llaman nicho de mercado. Ya de grande, a los 51, se mandó con una librería boutique que no vende caffe latte ni vinos y cuyo fuerte son los incunables modernos, los libros descatalogados, las primeras ediciones de Fogwill, Aira, Pizarnik, Juan Rodolfo Wilcock, etc., etc. y no tantos etcéteras.

“Acá no entran libros malos”.

Y dice más: “De literatura argentina leí el 90 por ciento”.

El librero que no vende libros malos

Federico en su local.

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La Lengua Absuelta no tiene olor a librería de viejo ni ácaros. No interesan los libros con tapas de cuero y papel biblia. Esto es material usado en estado únicamente impecable, de modo que el tango de la textura del papel y el aroma de un libro recién comprado debería sonar con un toque de acid-jazz. Una particularidad que amerita su inclusión en la próxima Noche de los Museos: la librería tiene TODOS los libros de César Aira, el autor argentino más importante de los últimos 40 años. Más importante y más prolífico. O más importante por prolífico.

Hace exactos diez años, Quintín escribía en su reconocido blog La Lectora Provisoria acerca de un selvático “Proyecto Aira”: leer todos los libros del autor, pero leerlos en orden. “Como nunca pude conseguir el primero, Moreira, el plan se va postergando indefinidamente” T.S Fede muestra Teatro Proletario de Cámara, del poeta Osvaldo Lamborghini. “¿Vos sabés lo que es esto? Siete carpetas de facsímil del que nada más se hicieron 300 ejemplares numerados”. El libro recopila carpetas originales de un proyecto inacabado.

“Si podés gastarte cuatro lucas en zapatillas, ¿por qué vender semejante obra a 20 mil pesos es caro? En todo caso podés decirme que no está dentro de tus posibilidades, pero no me vengas con que es caro. ¿Cuánto pensás que sale una primera edición de La Metamorfosis, de Kafka?”.

¿Puedo tocarlo? -al libro.

“Sí, pero tené mucho cuidado” -y te lo alcanza como a un recién nacido.

La página web de la librería deja constancia de que los libros de Aira son 111.

“Todos tengo. El Aira autor, el nouvellista, el traductor, el ensayista. ¿Sabías que Aira hizo la traducción de tres libros de Stephen King?… Pero no quiero que te quedes con la falsa idea de que esta es la librería de Aira. Esto es mucho más. Mira bien –miramos bien-: ¿no es la biblioteca que te gustaría tener en tu casa? Una vuelta me dijeron eso y me quedó grabado”.

-¿Qué cosas no te interesan?

-No vas a encontrar nada de Beatriz Guido o de Silvina Bullrich. Para eso me pongo una agencia de Prode. Tampoco hay ofertas.

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T.S. quizás tenga más secretos que el cuadro de la Gioconda. A cada rato pide un off the record y rezonga. Si por él fuera, esta nota saldría en blanco. De sus libros usados no sabremos dónde los consigue. De su amistad con escritores célebres apenas tira pistas borrosas. Sobre la ecuación precio-calidad de su capital simbólico, habla metafísicamente. Un oráculo arrimándonos al poder de representación del que es capaz un sánguche de hojas.

T.S. parece incompatible con su actividad. ¿Se puede vender lo que se ama?

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Cuando Aira entra en fase aguda de personaje, lo llamás por teléfono para saber por qué publicó en Eloisa Cartonera y te para en seco: “¿Vos sabías que yo no doy notas?” El plano simbólico de T.S. se resquebraja apenas uno quiere saber el inevitable precio de los objetos. Es como romper el hechizo. Moreira, el primer libro de César Aira, fue publicado por la editorial Achaval Solo en los ‘70.

Fede (solo) lo tiene.

-Perdoname, ¿cuánto sale?

-Ufff… 30 lucas. Moreira puede salir lo que sale porque no se lo vendo a nadie.

-¿Ni uno vendiste?

-De seis que tenía, vendí tres, pero es como esperar el novio para la novia, la media naranja. Encontrá El Aleph de Borges en una Primera Edición: 10 mil pesos. Igual no sirve esto, el coleccionismo es un público menor en cualquier rubro y ni te cuento en la literatura. Sucede que nuestra literatura tiene libros difíciles de conseguir y el valor se desprende de esa dificultad. Austria y Hungría (de Néstor Perlongher), Invitación a la masacre (de Marcelo Fox). Y Moreira está en esa categoría.

-Explicame el fenómeno Aira.

-Todo el mundo sabe que Aira decidió no reeditar 15 libros de su obra para tener sus propias figuritas difíciles. Puede hacerlo porque es de los pocos que viven de lo que escriben. Además, en la carrera de Letras es un semidiós que con las nuevas camadas, cada año, encuentra nuevos lectores y nuevos fanáticos. Pero contá la verdad, contá que mi día a día se basa en libros de 250 pesos. Y poné que es una librería que tiene escritores amigos y referentes de la librería: Martín Kohan, Edgardo Cozarinsky, Marcelo Cohen…

– ¿Y este libro cuánto cuesta?

-No hablo más de plata. Es como si no hubieras entendido nada.

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