El espía que cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial

Durante la Segunda Guerra Mundial se vivieron momentos decisivos que pudieron decantar el resultado de la contienda hacia un lado u otro. Una de esas situaciones clave se produjo cuando un espía de nacionalidad alemana que operaba en Tokio avisó a Stalin de que Japón no atacaría a Rusia aprovechando la invasión alemana, sino que pondría todos sus esfuerzos en inutilizar las bases estadounidenses del Pacífico.

Gracias a este aviso, las tropas soviéticas pudieron centrarse en el frente oriental, lo que a la postre resultaría definitivo en la caída de Hitler. El hombre que trasladó tan crucial información se llamaba Richard Sorge, y su historia ha sido recogida por la dibujante Isabel Kreitz en una novela gráfica.

«El caso Sorge», cómic publicado por Ediciones La Cúpula, adopta la forma de recuerdos de diversos personajes que trataron con este célebre espía, principalmente su amante, la pianista austriaca Eta Harich-Schneider. Se trataba de un periodista que se ganó la confianza de las autoridades nazis establecidas en Tokio, incluido el embajador, el general Eugen Ott, a quien conoció en Berlín. Para conseguir sus objetivos contaba con un currículo que incluía su participación como voluntario en la Primera Guerra Mundial, en la que fue condecorado con la Cruz de Hierro.

En su contra pesaba su afición a las mujeres y a la bebida. Esta segunda inclinación le llevaba a expresar de vez en cuando, a menudo a voz en grito, sus opiniones izquierdistas, lo que levantaba suspicacias entre los círculos nazis, pero no así en el caso del embajador, que siempre defendía a su amigo cuando alguien comentaba sus sospechas. En buena medida porque el propio Sorge le había pasado secretos que el Gobierno japonés no compartía con sus aliados.

Además, fue miembro del Partido Comunista alemán y estuvo un tiempo en la Unión Soviética, donde fue reclutado para labores de información. Todo ello hace aún más increíble que fuera capaz de engañar a las autoridades nazis y niponas. Su carrera como espía comenzó en Shangai, desde donde informaba sobre todo lo que ocurría en Manchukuo, el territorio chino ocupado por los japoneses entre 1932 y 1945 y fronterizo con la Unión Soviética.

Después Sorge llegaría a Tokio, donde contaba con un equipo de colaboradores para transmitir sus informes a Moscú. Convencido como estaba de que él iba a derrotar a Hitler, estuvo a punto de hacer realidad su sueño cuando avisó a Stalin del día en que el mandatario alemán iba a traicionar el
pacto Ribbentrop-Mólotov de no agresión entre ambas naciones. El líder comunista, sin embargo, no le creyó, así que no envió a su ejército a la defender la frontera, lo que hubiera evitado millones de muertes.

Sorge fue finalmente detenido antes de que viera los frutos de su trabajo, la caída del régimen nazi. Fue ejecutado el 7 de noviembre de 1944. No está claro que le hubiera ido mejor en caso de haber escapado: Stalin seguramente querría borrar las huellas de su error cuando no hizo caso de la advertencia de que Alemania iba a entrar en territorio ruso. No fue hasta años después de la muerte del dictador cuando Richard Sorge fue reconocido como Héroe Nacional de la Unión Soviética de forma póstuma, en 1964.

Isabel Kreitz fue galardonad en 1997 como mejor dibujante alemana de cómics en el Festival Internacional del Cómic de Hamburgo. En 2009 recibió el premio Sondermann de la feria del libro de Frankfurt por «El caso Sorge», y en 2011 lo volvería a recibir por la novela gráfica «Harmaan», también publicada en nuestro país por La Cúpula.

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