Editar, imprimir, vender y quemar

  • Ese es el ciclo de una insólita editorial islandesa.
  • Sólo imprimen durante las noches de luna llena.

Encendedor tipo Zippo con una llama rojiza.

El mundo editorial está lleno de gente curiosa e insólita, sobre todo en estos tiempos de Internet donde el presente y el futuro del libro cada vez está más en entredicho. Pero si tuviera que elegir a una editorial en concreto que me haya sorprendido de verdad, esa sería, sin duda Tunglið, una pequeña empresa islandesa cuyo modelo de negocio está más cerca de la performance artística que de la propia edición de libros.

Lo primero que llama la atención de Tunglið es su manera de publicar. Sólo hace tiradas de 69 ejemplares, aprovechando las noches de luna llena. Hasta ahí, podríamos decir que son algo raros, pero bueno, cada uno se plantea el trabajo como puede. Lo verdaderamente raro llega después: todos los libros que no se vendan esa misma noche, acaban en la hoguera.

La idea de los editores en Tunglið no es crear cientos de libros para que acaben dando vueltas por almacenes, metidos en cajas y esperando llegar, con suerte, algún día a una venta de segunda mano. No, ellos quieren aprovechar la energía creativa de sacar un libro en estado puro, disfrutando del momento y pasando, inmediatamente después, al siguiente proyecto.

Los editores, que también son escritores, tramaron un plan diferente al que llevaban, tratando de que sus libros aparecieran en el mercado editorial, pasando a uno diferente, y hasta contrario: hacerlos desaparecer. Por un lado, esta acción puede parecer una sátira sobre cómo funciona el mercado del libro, en el que si no vendes en menos de un mes, desapareces de las estanterías de las librerías en un instante.

Pero hay algo más. Se toman muy en serio la naturaleza artística de la quema de libros, incluso han tenido problemas explicando a la gente que esa destrucción era un acto poético y no político. Los queman con cuidado y respeto, según ellos, utilizando coñac francés de primera calidad para encender las llamas.

No tiene nada que ver con censura, es más, publican libros bastante complicados de encontrar. Según dicen, “un libro publicado es un objeto democrático” que muchos editores quieren salvar convirtiéndolo en un objeto de lujo, valorado más por su exterior que por su interior. Ellos publican barato, todo el mundo puede comprar sus libros y las fechas están muy claras.

Su mensaje contiene numerosas contradicciones, son conscientes de ellas, y vienen de su propia relación de amor/odio con los libros. La quema de libros es una liberación, una manera de mostrar a los escritores que su ego no manda, que no van a ser inmortales por haber juntado cuatro palabras de mejor o peor manera. Se elimina la tensión, la promoción, la inquietud. Es una lógica nacida de la poesía, no de la prosa.

Vía: The Guardian

Alfredo Álamo


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(Valencia, 1975) escribe bordeando territorios fronterizos, entre sombras y engranajes, siempre en terreno de sueños que a veces se convierten en pesadillas. Actualmente es el Coordinador de la red social Lecturalia al mismo tiempo que sigue su carrera literaria.

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