Byron, la muerte de un poeta convertido en héroe

  • Murió luchando por la independencia de Grecia.
  • Nombraron Vyronia a una pequeña localidad cerca de Atenas por él.

Lord Byron en su lecho de muerte. Joseph Dionysius Odevaere.

George Gordon Byron, más conocido por Lord Byron, fue el mayor ejemplo de la historia de la literatura de poeta maldito, bohemio y romántico. Considerado como una auténtica celebridad de la época en toda Europa, podríamos decir que fue la primera estrella del rock del siglo XIX. Expulsado de ciudades por su terrible comportamiento y viviendo de villa en villa, junto a amigos como Shelley o Mary Wollstonecraft, su fama era imparable y arrolladora. Hasta el día en que su ansia de aventura le llevó a Grecia.

A principios del siglo XIX, Grecia luchaba por su independencia frente al Imperio Otomano, una guerra en la que los griegos eran apoyados por varios países de la Europa Occidental, entre ellos Inglaterra. Byron fue enviado a Gracia para apoyar a los rebeldes, y llegó a dirigir un regimiento. Su fama era tal, que fue recibido como todo un símbolo de la libertad por parte de las tropas y la población.

Pese a su aparición estelar, pronto se hartó de las luchas internas que lastraban el bando griego frente al otomano, en busca de hacerse con el poder tras la guerra. Antes de que pudiera volver, sin embargo, sufrió un ataque epiléptico y quedó postrado en cama. La medicina de la época aportó una de las soluciones de moda: la sangría.

Byron fue sangrado en numerosas ocasiones desde su ataque epiléptico, lo que lastró su salud y minó sus fuerzas todavía más, hasta que el 19 de abril de 1824 su cuerpo no aguantó más y murió. Durante su etapa en Grecia, que no conoció libre, escribió sus últimos versos: A mis treinta y seis años.

La muerte de Byron resonó a nivel mundial. En aquel momento, el también escritor y amigo del poeta, Edward Trelawny se hizo cargo del cadáver y de su traslado a Inglaterra, ya que también estaba luchando en Grecia. La leyenda dice que fue embalsamado en Grecia, pero que retiraron su corazón, que permanece en Missolonghi, la ciudad donde murió.

Otra de las leyendas que se cuentan alrededor de su traslado a Inglaterra es que lo hizo dentro de una cuba de coñac añejo, a no poder encontrar un ataúd lo suficientemente resistente para aguantar el largo trayecto.

Cuando llegó a Inglaterra fue recibido como un héroe por la población y sus compañeros poetas, pero cuando fueron a enterrarlo con todos los honores en la Abadía de Westminster, donde se encuentra el llamado Rincón de los Poetas, se negaron a darle sepultura por su terrible fama de libertino.

De allí se lo llevaron a la Iglesia de María Magdalena, en Hucknall, donde estaba enterrada su madre. Desde entonces, este lugar se ha convertido en un lugar de peregrinaje obligatorio para todos los románticos empedernidos y seguidores de la obra de uno de los más grandes de la historia de la literatura.

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Alfredo Álamo


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(Valencia, 1975) escribe bordeando territorios fronterizos, entre sombras y engranajes, siempre en terreno de sueños que a veces se convierten en pesadillas. Actualmente es el Coordinador de la red social Lecturalia al mismo tiempo que sigue su carrera literaria.

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