Biblioteca de Mujeres, en busca de un espacio propio

Corría el año 1985. Un grupo de mujeres había establecido su «cuartel general» en un pequeño local ubicado en el número 44 de la madrileña calle del Barquillo. Allí se reunían, dialogaban y empezaban a desempolvar del imaginario colectivo un término que llevaba años en el ostracismo: feminismo. Al frente de todas ellas estaba Marisa Mediavilla. Fue ella la que, en vista de las escasas referencias bibliográficas con las que el grupo contaba para poder ubicarse y establecer su lugar en la aún incipiente democracia, empezó a recopilar libros, revistas, carteles… Así nació la Biblioteca de Mujeres, un fondo especializado que actualmente cuenta con más de 30.000 volúmenes –entre ensayos y obras de creación artística, catálogos, publicaciones, folletos, tebeos, materiales gráficos y audiovisuales– y que, por diversas circunstancias, hoy está en el Museo del Traje (Ministerio de Cultura), aunque es propiedad del Instituto de la Mujer (Ministerio de Sanidad).

Origen

Pero, ¿qué ha sucedido en los últimos treinta y dos años para que la Biblioteca haya acabado custodiada en un organismo al que no pertenece? Para responder a esta cuestión es necesario hacer memoria, y acudir a Marisa Mediavilla. «En el local de Barquillo nos reuníamos bastantes grupos feministas. En casa tenía una colección y pensé que era el momento oportuno para empezar la biblioteca más grande y utópica por mi soñada», recuerda, en conversación telefónica con ABC. La finalidad estaba clara: reunir el patrimonio de las mujeres y ponerlo a disposición de todo aquel interesado en el mismo.

El primer criterio era la teoría feminista, que «era lo que no había», y después la creación literaria, que «era más fácil de conseguir». Mediavilla y sus compañeras empezaron a recorrer librerías, nuevas y de viejo, el Rastro, bibliotecas… En Barquillo fueron ocupando «todas las paredes donde podíamos colocar armarios», hasta que se quedaron sin sitio. Por aquel entonces, se acababa de crear el Consejo de la Mujer de la Comunidad de Madrid, que fue presentado, precisamente, en el local de Barquillo. «Les planteamos el problema de espacio, firmamos un convenio con ellos por diez años y a finales de 1997 nos trasladamos a la calle Villaamil (número 20)».

«Tenemos todo el interés en encontrar un lugar propio y definitivo. Estamos haciendo ya las gestiones necesarias», dicen en el Instituto de la Mujer

En 2005, el Consejo de la Mujer cambió de ubicación. En la nueva sede ya no cabía la Biblioteca de Mujeres y la Comunidad de Madrid pidió a Mediavilla que dejara «libre el espacio». «Les pedí un tiempo. Hablé con distintas instituciones, pero nadie tenía espacio, personal, ni dinero». Temerosa de que la Biblioteca terminara desapareciendo, Mediavilla optó por donarla al Instituto de la Mujer. «No me quedó más remedio. En noviembre de 2006 dijeron que aceptaban y la Biblioteca se recogió en marzo de 2007». José Luis San Lázaro, bibliotecario del Instituto, comenzó los trabajos de catalogación de los fondos, que fueron depositados en un almacén de la empresa MDA Archivos. «Mi interés de siempre era que la Biblioteca tuviese un espacio propio, distinto del fondo de catalogación del Instituto. Me reuní con Bibiana Aído (entonces ministra de Igualdad) dos o tres veces y, tras muchas peleas, un día me ofrecieron el Museo del Traje. Les dije que no era el sitio adecuado, pero al menos allí se puede consultar gracias a las bibliotecarias», reflexiona Mediavilla.

Uno de los compactos que contiene la Biblioteca de Mujeres, en el depósito de la biblioteca del Museo del Traje
Uno de los compactos que contiene la Biblioteca de Mujeres, en el depósito de la biblioteca del Museo del Traje– ISABEL PERMUY

Así fue como, gracias al convenio firmado, en diciembre de 2010, por el Misterio de Cultura, el de Sanidad y el Instituto de la Mujer, los fondos se instalaron en el Museo del Traje. Allí, como explica Lucía Cerón, directora del Instituto de la Mujer, la Biblioteca de Mujeres cuenta con «un área propia, donde hay una parte que está exhibida en mobiliario y otra que, por cuestiones de espacio, se aloja en el almacén». Un hecho que comprueba este diario en el propio museo, en compañía de la jefa de sección de su biblioteca, María Prego de Lis. Una primera parte, compuesta por unos 25.000 volúmenes ya catalogados, está dispuesta en cinco compactos en el depósito de la biblioteca del museo. Y la parte restante, aún pendiente de catalogar e integrada por los volúmenes que Mediavilla siguió recopilando tras la donación, está ubicada, en cajas, en los almacenes del museo.

Las cajas con los volúmenes de la Biblioteca de Mujeres pendientes de catalogar, ubicadas en el almacén del Museo del Traje
Las cajas con los volúmenes de la Biblioteca de Mujeres pendientes de catalogar, ubicadas en el almacén del Museo del Traje– ISABEL PERMUY

«Las cajas, tal cual vinieron, se instalaron aquí. Están en el mismo nivel de conservación que nuestros propios fondos, en condiciones idóneas de humedad y temperatura, en un entorno estable», asegura Prego de Lis, en referencia a la colección alojada en el almacén. «Lo único que hacemos es servir en sala esos fondos. Facilitamos esa consulta a cualquier persona que quiera. Lo hacemos encantadas, pero por voluntad propia», aclara la bibliotecaria, aludiendo a la paradoja de que el Museo del Traje no tiene la titularidad de esos fondos. Y aunque la Biblioteca de Mujeres «está en proceso de acogida» en esa institución, Prego de Lis aclara que «funcionalmente está al 100%» y su consulta puede realizarse, indistintamente, poniéndose en contacto, a través de la Web, con el Instituto de la Mujer o con el propio museo.

Ubicación

Aclarado, por tanto, su estado de conservación, otro punto del debate, bien distinto, es la idoneidad de su ubicación. Si bien la bibliotecaria del Museo del Traje asegura que la Biblioteca de Mujeres «encaja de forma transversal» en la institución, Marisa Mediavilla reivindica «un local propio, con personal especializado… De verdad que no es nada difícil, no es más que voluntad política». A lo que Lucía Cerón responde: «El Instituto de la Mujer se hace cargo de la Biblioteca de Mujeres porque considera muy relevante la conservación y difusión de sus obras. Desde que asume esta responsabilidad, se han invertido más de 180.000 euros en sus traslados, custodia y catalogación. Me he reunido con Marisa Mediavilla para tratar el asunto, y estamos directamente en contacto. Tenemos todo el interés en encontrar un lugar propio, adecuado y definitivo y así se lo he hecho saber a ella. Estamos haciendo ya las gestiones necesarias para encontrar la solución más satisfactoria, aunque los procedimientos administrativos no se resuelven de la noche a la mañana, más aún cuando necesitamos un lugar físico espacioso».

Veremos, por tanto, si es cuestión de tiempo que la Biblioteca de Mujeres encuentre, por fin, un cuarto propio.

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